Entre líneas

Estar de acuerdo no siempre significa compartir una razón

Mentalidad decimonónica en el siglo XXI

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Al hilo de lo que comentaba ayer sobre la incapacidad de los políticos para escuchar la opinión de los ciudadanos, un escrito de los trabajadores de Radio Nacional de España (RNE) en el que denuncian la situación de la radio pública tras los últimos cambios en su organización y parrilla ha puesto de manifiesto de forma casual el origen de esta ‘habilidad’ de los poderes políticos y económicos de mirar para otro lado. La frase que explica de forma coherente el alejamiento de los políticos respecto a los ciudadanos es la siguiente:

Por eso, ante la falta de reacción de nuestro consejo de informativos, hemos decidido actuar. (…) Para decirle a la nueva dirección que manipular hoy en día, con unas redes sociales que te desmienten al minuto, solo nos lleva a hacer el ridículo.

El razonamiento general que subyace tras este argumento particular es que los partidos políticos aún no han entrado en la sociedad de la información que caracteriza el siglo XXI sino que mantienen defectos adquiridos del caciquismo de finales del siglo XIX. Esto es: siguen tratando a los ciudadanos como ignorantes.

Desde el punto de vista político, en el siglo XIX podría ser válido -que no moral- prometer numerosas obras públicas a sabiendas que no se podían realizar y manipular la información a través de subvenciones para conseguir una opinión ciudadana favorable con el objetivo de lograr votos y la reelección como cargo público. La discreta tasa de alfabetización y la lentitud en el intercambio de información servían de perfecto caldo de cultivo para el caciquismo del siglo XIX. Pero a medida que la tasa de alfabetización fue aumentando hasta alcanzar prácticamente el 100% de la población y la fluidez instantánea de información gracias a internet y las redes sociales ha permitido que el conocimiento llegue a cualquier rincón del mundo, las estrategias caciquiles del siglo XIX no sólo se han vuelto obsoletas sino también han conseguido un ‘efecto boomerang’ al aumentar la animadversión de los ciudadanos hacia los políticos.

Si actualmente vivimos en la sociedad de la información, con infinitos recursos y fuentes para formarnos una opinión razonada sobre cualquier tema de actualidad, ¿cómo es posible que los políticos se afanen en mentir y “manipular, con unas redes sociales que te desmienten al minuto”? En el siglo XIX los efectos negativos de las manipulaciones eran menos dañinos que las consecuencias positivas, todo lo contrario que en el siglo XXI. Pero aun así, los políticos siguen recurriendo a esta mentalidad decimonónica a pesar del ridículo que hacen ante los ciudadanos de la sociedad de la información.

Ya va siendo hora de que la clase política abandone estas estrategias caciquiles del siglo XIX y se una a la sociedad de la información: ser transparentes, explicar las decisiones políticas con argumentos sólidos y datos objetivos, reconocer sus errores y no querer engañar a los ciudadanos en cada eufemismo. Siguiendo estos pasos, evitarían hacer el ridículo cada vez que las redes sociales y/o los medios de comunicación destapen sus vergüenzas.

No obstante, habría que preguntarse si estos efectos negativos de cara a la ciudadanía pesan más en la balanza que el tener el respaldo y abrigo del partido político al que pertenecen.

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Written by jescuderoma

9 de octubre de 2012 a 18:07

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